De un mundo para "ellos" a un mundo para todos

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Trabajo presentado en las VI JORNADAS DE DISCAPACIDAD Y UNIVERSIDAD: “LOS SUJETOS, LOS PROCESOS Y LOS CONTEXTOS” realizadas en la UNIVERSIDAD NACIONAL DE CUYO, FACULTAD DE DERECHO el 7, 8 Y 9 de octubre de 2010, en la ciudad de MENDOZA, ARGENTINA.

Autores: Bruera Lorena Guadalupe; Estalle Gabriela Raquel.

La construcción de la sociedad debe orientarse a abarcar sus distintos componentes, teniendo como meta el considerar las diferencias como oportunidades no, como problemas. Nuestro trabajo es una propuesta sobre “cómo” lograr integración desde el ámbito universitario: nos preguntamos: ¿Cómo hacer para mantener un equilibrio entre la diversidad de valores, de tradiciones, modos de apreciar el mundo, criterios éticos y de verdad y al mismo tiempo ir mas allá de la simple tolerancia construyendo una autentica y productiva convivencia?

Partimos de una premisa fundamental posicionarnos desde una Universidad  en la que todos seamos protagonistas de dicho conflicto y partícipes en la construcción de un proceso de adquisición de competencias que permitan no solo comprender al otro, sino generar una conciencia de reciprocidad social.

La persona con discapacidad  padece, en relación a su edad y a su medio, desventajas considerables para su integración familiar, social, educacional  o laboral.  Se trata de personas con necesidades especiales cuyas limitaciones no deben disminuir su dignidad, ni su derecho a participar en la vida de comunidad. Empleamos el término “persona con discapacidad” para referirnos a la persona en sentido amplio, cuyas capacidades y/o funciones sensoriales, intelectuales, motoras o emocionales están afectadas en diverso grado.

Conforme a Patricia Brogna la posición de discapacidad es estructural, su origen está en nuestra estructura social, en nuestras representaciones, en nuestros valores, en nuestra idiosincrasia, en nuestras normas, en nuestra cultura, en nuestros esquemas cognitivos. En términos de Bourdieu: en nuestro habitus, que es el principio no elegido de toda elección, las estructuras sociales internas que nos disponen a pensar como pensamos.

Esta  posición de discapacidad está sostenida por el modo en que se diseñan y funcionan nuestras estructuras sociales. Y Es a través de esas estructuras sociales desde donde se asigna y se legitima esa posición. Entonces, se hace visible aquí aquella representación acerca de la discapacidad en donde el problema es del sujeto y que sobre él hay que intervenir para “normalizarlo”,“restituirle aquello que le falta”.

Fernando Savater, nos motiva con la siguiente la reflexión: “… Hay que nacer para humano, pero solo llegamos plenamente a serlo cuando nos contagian su humanidad a propósito y con nuestra complicidad”. La condición humana es en parte espontaneidad natural pero también deliberación artificial.

Esta  perspectiva de comprensión de la discapacidad, nos permite  distinguirla  completamente de  aquella que la considera como  insuficiencia y  enfermedad. Es una producción sociocultural. “Es la sociedad la que discapacita a aquellos sujetos que tienen alguna deficiencia.” No hay nada de natural en la discapacidad, no tiene que ver con el orden biológico de cuerpos y mentes sino con un orden social y cultural.

Toda persona necesita operar su propia realización personal y social.

La posición de discapacidad se construye, se arma, cada vez que se le niega a alguien, el reconocimiento de su condición de “ser persona”, de decidir la propia vida, de participar plenamente, de ser “otro igual”. Se le asigna a la persona una posición de desventaja, de status social deficitario.

Que la persona con discapacidad logre esta realización es una tarea  que nos concierne a todos como protagonistas de un conflicto en el que convergen distintas miradas posicionadas desde lugares opuestos. Es decir, que conviven ideas de ciudadanía, de inclusión social, respeto de derechos con visiones caritativas, segregacionistas, de exterminio, asistencialista, reparadoras

Por esto debemos consolidar el ámbito universitario como un espacio de mediación que posibilite la construcción de una comunidad de indagación desde donde se estimule el cuestionamiento
permanente de esas realidades instituidas donde no se respetan los derechos de todos ni se promueve la dignidad humana.

Una universidad incluyente posee como tarea principal formar y generar esas condiciones de inclusión. La inclusión es una práctica, una actitud de vida, un proceso continuo y participativo que parte de las necesidades de las personas concretas; y engloba el escuchar, dialogar, participar, cooperar, preguntar, confiar, aceptar y acoger la diversidad.

Todas ellas herramientas que permitan, no sólo  la resolución de los conflictos que se generen a partir de la aceptación de la diversidad sino la modificación de ese  contexto generador de discapacidad.

Experiencias que iluminan  un posible nuevo paradigma en la universidad

Desde estas experiencias altamente enriquecedoras, como practicas inclusivas, asumiremos el intento de pensar la inclusión de personas con discapacidad intelectual en la Universidad...

Una de ellas tuvo su origen en Italia. Allí existe una figura profesional llamada “educador” que trabaja con problemas específicos de orden pedagógico-psicológico-social, a través de objetivos planteados en un equipo de trabajo interdisciplinario de algún servicio social. Estos objetivos tienen que ver con la inclusión. En Italia asumí esta figura trabajando desde una cooperativa social que brindaba servicios a una escuela estatal primaria y secundaria. El trabajo se desenvolvía a través de un programa llamado Proyecto de experimentación didáctica y metodológica para la integración de alumnos en situación de discapacidad (T.E.A.C.C.H.) cuyo fundamento y objetivo era la inclusión de niños y adolescentes con discapacidad en la escuela considerada “normal”. El programa tenía como eje principal la resolución de los conflictos generados a partir de este encuentro entre niños psicóticos, autistas, ciegos, síndrome de Down, con discapacidad motriz y niños considerados “normales”. La idea rectora era la modificación de las condiciones estructurales, curriculares y relacionales instituidas con el objetivo de generar  nuevas condiciones que hicieran posible la integración.  El programa contaba con momentos de enseñanza individual y grupal .Las horas menos conflictivas eran las de arte,  educación física y recreación. Las más difíciles eran  las que se correspondían con materias de alto contenido cognoscitivo. Se hacia hincapié en el estimulo y desarrollo de capacidades y habilidades. Lo que se esperaba del alumno tenia que ver con lo que él podía dar. Se hacían las pruebas necesarias  para conocer los límites reales del niño, de cada niño en particular. En estas pruebas también se descubrían sus destrezas, sus motivaciones, sus talentos. Lo importante era tener una actitud mental abierta a la sorpresa, sin prejuicios y sin tratar de estandarizar. La lógica del comportamiento de cada niño aparecía en acto, luego de un tiempo de trabajo juntos. Se contaba con apoyo de una institución psiquiátrica que, a través del seguimiento terapéutico que hacían sus expertos, nos asesoraban en el abordaje de las crisis subjetivas que se ocasionaban cada vez que el niño no encontraba el respeto por su individualidad. Demasiado “otro”  para algunos. Incomodaba la puesta en evidencia del real del cuerpo. Sin embargo, el trabajo concomitante de concientización y de elaboración de estas situaciones complejas fue poco a poco dando sus frutos, y los alumnos “normales” aceptaron esta realidad como propia, como parte de su cotidianeidad y de su vida escolar y social. Pudieron aprender de la belleza de sus compañeros “especiales”, pudieron divertirse con ellos, colaboraron  en las tareas que no lograban por sí solos, quisieron apoyarlos en los ejercicios físicos y en los laboratorios. Los esperaban, celebraban sus logros, los acompañaban en sus momentos de desestabilización. Para todos,  fue una experiencia muy rica porque esta convivencia nos volvió más amplios, más pacientes,  mas abiertos a lo múltiple, al acontecimiento de las diferencias. Pudimos  hacer de lo homogéneo del discurso amo de la normalidad, un discurso heterogéneo, un discurso propio, tejido de particularidades; reforzando así, una  identidad de pertenencia a un grupo que se unía en una apuesta en común y solidaria.

La otra experiencia  tuvo lugar en la ciudad de Rosario, Pcia. De Santa Fe en  Argentina. El trabajo realizado fue la construcción y puesta en práctica de un proyecto de inclusión laboral para jóvenes con síndrome de down y discapacidad intelectual llamado Up Down.

Si bien el proyecto pudo llevarse a cabo con éxito ya que los jóvenes fueron incluidos, inscriptos en blanco según las normas laborales vigentes  no fueron pocos los obstáculos que encontramos en este proceso de inclusión especialmente los provenientes del contexto, de  personas que trabajaban con los jóvenes.

Las verdaderas dificultades comenzaron en la etapa de concientización del personal de las empresas en las que se  insertarían  los jóvenes. Se presentaron situaciones muy complejas donde la subjetividad de los mismos se vio comprometida debido al prejuicio y la resistencia con que se encontraron.

La universidad como un espacio para la configuración de un nuevo paradigma en materia de discapacidad

La eliminación de esas  barreras  creadas, construidas, toleradas, aceptadas y perpetuadas por la misma sociedad  que configuran un limite para la integración  supone un  modo en que cada comunidad piensa sus espacios sociales  en forma real y simbólica relacionándose con aquellos a los que, conciente o inconscientemente, le parece correcto o natural dejar fuera.

Esas barreras, implícitamente se hallan sostenidas por factores condicionantes estructurales que se hallan ocultos, y que conducen a producir y reproducir modos tradicionales o nuevos,  portadores de exclusión.

Un nuevo modo de pensar ese espacio social es posible mediante la implementación de la educación efectuada desde los valores.

Educar en valores es vivir y poniendo en práctica principios. Estos, son realidades dinámicas perfiladas  al inicio de la tarea educativa, en la que se construyan instrumentos que nos hagan cada vez más reflexivos  y comprensivos. Educar es una tarea que permite que todos aprendan  lo que necesitan aprender, en el momento oportuno de sus vidas y en felicidad.-

En la cosmovisión actual,  una educación de calidad para todos, tiene que ser pertinente, eficaz y eficiente. En materia de inclusión no se podrá privilegiar  la eficacia de la misma desde el punto de vista conceptual. Los indicadores deberán estar más acordes con la tarea de integración que queremos propiciar.

Ver a la educación,  con una función formativa global, que tenga la capacidad de promover vínculos de todo tipo con el entorno;  vínculos generados a partir del espacio emocional que abarque a todo el interior de la institución educativa universitaria.-

Quienes queremos el cambio, pensamos la cultura como proceso compartido no solo por las expresiones de las prácticas de los hombres, de su comportamiento, de sus creencias, de sus costumbres, sino primordialmente por el significado que le otorgan a cada una de estas prácticas. Creencia que  habilita la posibilidad de que cada sujeto en una sociedad pueda pensarse como un actor social activo en la construcción y producción de su propia cultura.

Deseamos relacionarnos con la situación que vive la persona con discapacidad, aunque no siempre conozcamos todos los aspectos de la misma. El partir del deseo de acercarnos todos y formar una universidad inclusiva es un paso que  debemos dar  para la construcción de un posible nuevo paradigma.

Por ello, pensamos  que la universidad se debe  configurar como un espacio formativo, en el que los jóvenes no solo adquieran conocimientos. Esta institución es algo más que una fábrica productora de profesionales. LOS JOVENES, en ella, adquieren método de estudio y disciplina, generan lazos de sociabilidad que tienen que ver con su carrera, con la situación del país. También es allí, donde caminan estrechando lazos de solidaridad con el “otro”, lazos,  que en el resto de los espacios sociales a veces no es posible tener.

Este espacio, en el que convivirían  desencuentros y conflictos es  también abarcativo de la realidad  vivimos todos, tanto los profesores, como los alumnos, las familias y otros actores sociales como las empresas y la comunidad en general.

Es así, que como punto de arranque todos los involucrados en esta nueva realidad, deberíamos ponernos de acuerdo. Una manera de iniciar el diálogo es crear un espacio de valores compartidos o compartibles en palabras de Cecilia Braslavsky. Esto es: un estatuto de convivencia en el que pautemos valores dinámicos que guíen nuestra práctica, en el que  todos los involucrados podamos realizar, dialogar, evaluar los obstáculos a la participación de todos. Que sea un espacio abierto de resultados, devolución, reunión y nuevos interrogantes. Pero sobre todo de trabajo inclusivo y transformador de ese contexto restrictivo.


Lógicamente esto conducirá:

  • A la documentación periódica de la realidad de todos,
  • A generar procesos de acompañamiento,
  • A rescatar las experiencias claves vividas por todos los protagonistas a fin de convertirlas en recursos didácticos para ser compartidos por todos,
  • A la modificación de los planes curriculares para generar una propuesta educativa que aborde las necesidades de todos, ofreciendo situaciones naturales de aprendizaje (y no aparte, en el gabinete u otro lugar).
  • A propiciar al personal formación específica acorde con las necesidades que vayan surgiendo y de acuerdo a los requerimientos de los distintos tipos de discapacidad.
  • A la “formación de formadores”, contribuyendo de este modo a la difusión de un “saber hacer” en torno a la discapacidad intelectual.
  • Al auxilio de los facilitadores de la inclusión que en función de sus capacidades, conocimientos y experiencias en procesos de inclusión actúen como puente, sobre todo, en materia de  comunicación y de re-habilitación integral; teniendo como meta principal la articulación de prácticas que respondan tanto a las necesidades individuales de las personas como a las necesidades sociales existentes, constituyendo una atención verdaderamente interdisciplinaria para las personas.
  • A  la eliminación de barreras arquitectónicas.
  • A la formación especial de los familiares de la persona con discapacidad destinada a concretar y sostener la integración y la convivencia.
  • A estimular la formación de organizaciones sociales  de abordaje de la problemática.

CONCLUSIÓN

En virtud del desarrollo efectuado y las experiencias aquí explicitadas resulta claro que para nosotros la persona con discapacidad no es aquella que padece una insuficiencia o una enfermedad. Es una producción sociocultural,  siendo la sociedad la que discapacita a aquellos sujetos que tienen alguna deficiencia.  La discapacidad,  no tiene que ver con el orden biológico de cuerpos y mentes sino con un orden social y cultural.

En el orden social,  todos nos insertamos como personas y es precisamente en función de ese carácter desde donde debemos  decidir nuestra vida, de participar plenamente sin que  algunos sean concebidos en una posición de desventaja, de status social deficitario.

Estas desventajas, estamos convencidas, son generadas estructuralmente por el contexto social, y traen implícitos modos de pensar, de creer, de sentir que se hallan sumamente arraigados en la comunidad. Pero también creemos, que conviven con estos modos nuevas actitudes, nuevas prácticas que implican modos diferentes de pensar y que en muchas ocasiones se hallan enraizados en deseos. Esfuerzos, participaciones aisladas, con muchos obstáculos pero existentes. 

Es tarea de cada uno construir una sociedad más justa y participativa. El ámbito Universitario se nos presenta como un ámbito que precisamente por ser abierto, flexible y participativo por excelencia es propicio para generar y reproducir políticas inclusivas. Prácticas de integración que signifiquen compromisos reales y posibles que habiliten las diferencias y las multiplicidades.

Es la educación, una educación desde los valores, con alcance formativo y global, desde la que se construirá un  nuevo  sujeto.

Una educación inclusiva para nosotros, involucra un proyecto colectivo, político y social, enfocado desde la mirada de los derechos humanos, donde la igualdad de oportunidades no signifique tratar a todos por igual, sino la posibilidad de equiparar derechos y obligaciones respetando las diferencias. Implica un  proceso de interacción, concientización y aceptación, donde deben reformularse roles, sentimientos, valores y actitudes, a fin de que todos podamos realizarnos y satisfacer nuestras necesidades.

Por eso presentamos una  propuesta de integración, concebida no como un espacio cerrado, sino como un espacio de reflexión, de diálogo, de mediación, de permanente cuestionamiento de los valores instituidos y estatuidos.

Para terminar quisimos cita a José Saramago, premio Nobel de Literatura, es hijo de padres analfabetos. Cuando le preguntaron como aprendió a leer, y, como llegó a recibir un Premio Nóbel: el contó la historia de quien le interesó por la lectura  y después dijo algo maravilloso: “Me puse a leer, a leer, a leer y no entendía nada”. Se le preguntó: “Pero que le hacía seguir leyendo”, y él respondió: “El problema no podía estar en los libros, había tantos que el problema tenía que estar en mi. Yo tenía que poder entender”…

El cambio solo se hace camino cuando el deseo en cada uno de nosotros se mantiene vivo, es decir, cuando existe un verdadero deseo.

 

Bibliografía Consultada:

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  • Bourdieu, P. y Passeron, J., (1998) La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza, Fontamara, México.
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  • Manual para la Integración de Personas con Discapacidad en las Instituciones de Educación Superior, (2002) ADU asesoramiento sobre discapacidad y universidad, México
  • "Ley de discapacitados" (22.431).
  • Nuestra Diversidad Creativa” Informe de la Comunidad Mundial de Cultura y Desarrollo UNESCO, (1996), Paris, Ediciones UNESCO.

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